Para diagnosticar la presencia de cáncer, el médico tendrá
que ver una muestra del tejido afectado bajo un microscopio.
Por lo tanto, cuando los síntomas preliminares, la prueba de
Papanicolaou, el mamograma, la prueba de PSA o la prueba de
sangre oculta en heces (prueba FOBT) o colonoscopia indican
la posible existencia de cáncer, el médico entonces tendrá
que llevar a cabo una biopsia, la cual consiste en la
remoción quirúrgica de una muestra pequeña del tejido para
su examen microscópico. (En el caso de las leucemias, una
muestra pequeña de sangre sirve para el mismo propósito).
Este examen microscópico le indicará al médico si existe en
realidad un tumor, y si lo está, si es maligno (cáncer) o
benigno. Además, se pueden utilizar microconjuntos para
determinar cuáles genes se activan o se desactivan en la
muestra o se pueden recolectar perfiles proteómicos para un
análisis de actividad de proteína. Esta información le
ayudará a los médicos a realizar un diagnóstico más preciso
y puede hasta ayudar a una planificación de tratamiento más
informado.